The Special One «se la lia» al Madrid de Arbeloa (4-2) | Resumen y goles
En el minuto setenta y ocho, Prestianni, el joven volante del Benfica, intentó superar a Camavinga con un regate que terminó en pérdida. Poco antes había protagonizado otra acción individual en un encuentro donde se mostraba especialmente activo, pero ese error cerca del área técnica le costó una reprimenda monumental de Mourinho. El técnico portugués, fiel a su estilo exigente, no aceptó justificaciones ante una elección que consideró equivocada en un momento crítico.
El equipo luso se jugaba su destino europeo y necesitaba no solo vencer al Madrid, sino ampliar su renta goleadora para cuadrar las cuentas clasificatorias. En un arranque de pura determinación, Mourinho ordenó a su guardameta subir al área rival en la acción final. Aquel remate del portero tras una falta lateral supuso el cuarto tanto, una anotación que simbolizó la entrega total y la pasión desbordada del conjunto local.
Esa energía del Benfica contrastó con la apatía de un Real Madrid que se vio superado y que recordó a la versión más gris de la etapa anterior. La derrota en el Estadio da Luz supuso un golpe de realidad para el proyecto de Álvaro Arbeloa, evidenciando que el entusiasmo inicial no basta sin trabajo y sacrificio constante. Lo visto en Portugal pareció un retroceso hacia vicios que se creían superados: falta de presión, dificultades para generar juego ofensivo y una dependencia excesiva de las individualidades.
A pesar de que el once titular parecía consolidado con la presencia de Arda Güler y la apuesta por Mastantuono en la banda derecha, el desarrollo del juego volvió a sembrar la incertidumbre. El joven argentino no logró pesar en el ataque ni colaborar de forma efectiva en la recuperación, dejando una imagen discreta que reabrió el debate sobre quién debe ocupar ese costado en las grandes citas europeas.
Sin una estructura defensiva sólida y con las estrellas de ataque poco participativas en tareas colectivas, el Madrid se desmoronó ante el empuje de un Benfica con el sello inconfundible de Mourinho. El conjunto blanco se sintió perdido ante la agresividad local, mientras jugadores clave como Bellingham se esforzaban sin lograr influir realmente en el juego y Tchouaméni quedaba condicionado por una tarjeta amarilla temprana.
En la línea defensiva, Huijsen pasó desapercibido mientras que Asencio alternó aciertos brillantes, como su asistencia en el gol de Mbappé, con errores de bulto fruto de una excesiva aceleración que acabó costándole la expulsión. Ante este panorama, el equipo volvió a encomendarse a las intervenciones milagrosas de Courtois, quien sostuvo al grupo hasta donde le fue humanamente posible.
El Real Madrid logró adelantarse en el marcador gracias a su única llegada clara, definida por un certero cabezazo de Mbappé tras un centro de Asencio. La capacidad goleadora del francés sigue siendo su mejor argumento, logrando dos tantos con apenas un par de intervenciones, una efectividad que contrasta con la nula aportación de un Vinícius que no encontró su sitio en todo el partido.
Sin embargo, el Benfica castigó cada debilidad madrileña con tres goles antes del arreón final. Las transiciones rápidas y un penalti cometido por Tchouaméni sobre Otamendi permitieron la remontada local antes del descanso. El inicio del segundo tiempo no cambió la tónica, con un Schjelderup inspirado que amplió la ventaja ante un Madrid que no encontraba respuestas en el banquillo.
Los cambios introducidos por Arbeloa no surtieron el efecto deseado, destacando negativamente la expulsión de Rodrygo y la sustitución de Güler por Alaba, un movimiento que restó creatividad cuando más se necesitaba. Aunque el equipo intentó presionar en los instantes finales, el Benfica supo gestionar su ventaja y asestar el golpe definitivo cuando detectó que necesitaba un gol más para cerrar una noche redonda.
