Remontada agónica del Valencia en Mestalla (3-2) | Resumen y goles
En apenas veinte minutos, el ambiente en Mestalla se transformó de manera radical. El estadio pasó de los gritos que pedían la marcha de Corberán, tras el segundo tanto de Lucas Boyé, a una celebración desbordante por la remontada del Valencia CF. Este resultado permite a la afición respirar con alivio y empezar a mirar con optimismo la parte alta de la tabla. El frenesí de emociones concluyó de la mejor forma posible gracias a los goles agónicos de Eray Cömert y Hugo Duro, este último desde el punto de penalti, que dieron la vuelta al marcador tras el empate previo de Javi Guerra al inicio del segundo tiempo.
Esta victoria es de vital importancia, ya que permite al conjunto dirigido por Carlos Corberán superar la cifra de los treinta puntos y situarse en la duodécima posición, estableciendo una distancia de siete puntos con la zona de peligro. Además del salto en la clasificación, el triunfo tiene una relevancia estratégica al alejar al equipo de los últimos cinco puestos, evitando así que se activaran ciertas cláusulas de riesgo financiero vinculadas al rendimiento deportivo en este último tramo del campeonato.
El encuentro comenzó de la peor manera para los locales. Antes de cumplirse el primer minuto, una infracción de Guido Rodríguez sobre Toni Martínez dentro del área fue señalada como penalti. Lucas Boyé no perdonó ante Stole Dimitrievski, poniendo el cero a uno en el minuto tres y entregando al Alavés una ventaja temprana que encajaba perfectamente en su planteamiento. Bajo la dirección de Quique Sánchez Flores, el equipo vitoriano cedió la iniciativa del balón para buscar dañar al rival con un juego más directo y ordenado.
Con el marcador en contra, el conjunto visitante se centró en proteger su renta mientras el público valencianista intentaba empujar a los suyos hacia la remontada. El equipo mostró una actitud positiva y voluntad sobre el césped, aunque durante gran parte del primer tiempo careció de la precisión necesaria en los metros finales para superar la resistencia de Antonio Sivera. La falta de claridad en el último pase seguía siendo el principal obstáculo para transformar el dominio en ocasiones reales de peligro.
En uno de los pocos destellos de calidad individual de la primera mitad, Thierry Rendall protagonizó una gran acción personal por la banda para poner un centro peligroso al corazón del área. Sin embargo, Umar Sadiq no logró conectar con acierto el remate, perdiéndose una oportunidad clara para igualar el choque antes del descanso.
El Valencia mostró una mejor imagen que en jornadas anteriores, con mayor movilidad y una intención clara de proponer juego. El apoyo de la grada se hizo notar, ejerciendo presión sobre el colegiado Guzmán Mansilla en cada acción dividida. Largie Ramazani se mostró muy activo, buscando constantemente asociarse con Sadiq para intentar quebrar la organización defensiva del cuadro babazorro.
A los doce minutos, el extremo belga asistió a Filip Ugrinic, cuyo disparo fue desviado a córner por la defensa. Poco después, tras un servicio de Ángel Pérez, fue el propio Ramazani quien probó fortuna con un potente remate que el guardameta del Alavés logró detener con seguridad.
Ese disparo del atacante cedido por el Leeds fue la única intervención directa entre los tres palos del equipo local durante los primeros cuarenta y cinco minutos. A pesar de la mejoría en el juego, la producción ofensiva seguía siendo escasa y la mayoría de las aproximaciones morían antes de inquietar seriamente a Sivera. Jugadas de Guerra y nuevas internadas de Ramazani fueron neutralizadas por la zaga vitoriana, permitiendo que el Alavés se marchara al vestuario con la ventaja mínima.
Así, con los visitantes defendiendo con éxito su botín inicial, se llegó al intermedio bajo una sonora protesta de la afición local dirigida hacia la actuación arbitral.
La segunda parte trajo consigo la misma determinación por parte del Valencia. El esfuerzo encontró su recompensa muy pronto con el gol de la igualada. Tras una consulta prolongada con el VAR que caldeó aún más el ambiente en las gradas, el tanto de Javi Guerra subió al marcador en el minuto cuarenta y ocho. La jugada se validó al comprobarse que no había posición adelantada en el remate previo que originó el rechace aprovechado por el centrocampista valencianista.
Pocos minutos después, el equipo de Mestalla estuvo cerca de certificar la remontada en una acción de Ramazani. Tras recibir un pase de Guido, el belga conectó un tiro raso que obligó a Sivera a realizar una intervención de mucho mérito. El portero del Alavés, formado en la zona y seguido por el Valencia durante años, volvió a demostrar su nivel lejos del club que ahora busca una solución estable para su portería tras cambios recientes en la plantilla.
Con el paso de los minutos, el desgaste físico empezó a pasar factura a los locales. El Alavés aprovechó el momento para dar un paso adelante bajo la lluvia, liderado por un Lucas Boyé que se convirtió en una amenaza constante por arriba. El delantero argentino avisó con varios cabezazos peligrosos antes de volver a castigar la portería de Dimitrievski.
Primero, un remate de Boyé a centro de Youssef se marchó fuera por poco. Más tarde, la defensa local volvió a permitirle un remate cómodo que no encontró portería, pero a la tercera ocasión, el delantero no falló. En un saque de esquina donde la marca de Guido fue insuficiente, Boyé conectó un testarazo inapelable que puso el uno a dos en el minuto setenta y uno.
Ese gol sumió al Valencia en un estado de angustia. El cansancio y el golpe anímico hicieron mella en el equipo, mientras desde la grada volvían a arreciar las críticas contra la gestión de Corberán. Parecía que el encuentro se escapaba definitivamente ante la frustración de los seguidores presentes en el estadio.
Sin embargo, cuando el pesimismo era total, el partido dio un vuelco inesperado. Corberán introdujo cambios ofensivos dando entrada a futbolistas como Hugo Duro, André Almeida y Diego López. La apuesta desesperada surtió efecto en el tiempo de descuento. Un centro del centrocampista portugués fue cabeceado al palo por Unai Núñez, y Cömert aprovechó el rebote para anotar el empate a dos justo cuando se cumplía el minuto noventa.
La prolongación de ocho minutos fue testigo de una locura colectiva en Mestalla. El colegiado señaló un penalti a favor de Hugo Duro en los instantes finales, lo que provocó una airada reacción de los jugadores del Alavés que terminó con las expulsiones de Guevara y Pacheco. El propio Hugo Duro asumió la responsabilidad y no falló desde los once metros, sellando el tres a dos definitivo y desatando el júbilo en un estadio que pasó de la crisis a la euforia en cuestión de instantes.
